EL RALLY Y UN LEGADO FAMILIAR QUE VUELVE A LAS PISTAS DESPUÉS DE 34 AÑOS

El automovilismo provincial se prepara para vivir una de esas historias donde la nostalgia y la pasión se fusionan sobre el asfalto.

El origen de esta aventura se remonta a más de tres décadas atrás, cuando un joven Lucas Ojeda de apenas 16 años recibió un Fiat 600 volcado con la única condición de reconstruirlo con sus propias manos; aquel verano de lija, sudor y sueños compartidos junto a su amigo Cristian “El Espy” González culminó en un debut histórico que los diarios de la época retrataron con asombro al ver a dos adolescentes desafiar los caminos del rally.

Hoy, exactamente 34 años después de aquella mítica largada, el destino vuelve a encender los motores para abrir un capítulo cargado de emoción y mística generacional.

El experimentado piloto regresa al habitáculo y se calza el casco, pero esta vez con el ingrediente más especial de su trayectoria: su hija Franca será la encargada de guiar la navegación desde el asiento del copiloto, transformando la exigente competencia en un legado vivo y uniendo el pasado dorado con el presente de una nueva generación.

El rugido de los motores tuvo su antesala ideal en una emotiva velada de presentación, donde el cálido abrazo de familiares, amigos y sponsors blindó de energía a un equipo que ya ganó antes de largar.

Más allá de los cronómetros, las hojas de ruta o las clasificaciones finales, este binomio demuestra que el verdadero sentido de la competencia radica en la construcción de recuerdos imborrables y en la vigencia de un fuego sagrado que se hereda en la sangre.